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Interrogatorio

  —¿A qué hora lo vio por última vez? —A eso de las ocho y media. —¿Dónde? —En su oficina. Desde la puerta lo pude ver sentado en su escritorio. —¿Está seguro de que era él? —Totalmente. La luz estaba apagada, lo que me llamó la atención, pero estaba trabajando en la computadora y la luz de la pantalla le iluminaba la cara. “¿Trabajando tarde?” Le pregunté, pero no me contestó. Iba a repetirle la pregunta, pero me di cuenta de que estaba en otra, así que me fui. —¿Tiene alguna prueba de los horarios? —Si, a las diez estaba en casa cenando con mi esposa e hijos, y antes de eso pasé un rato por el bar de Pepe para charlar con los muchachos. El fútbol, ¿sabe? Puede preguntarles. —Si. ¿Desde cuándo lo conoce a Gémez? —Mmmmm, seis o siete años. Desde que entró a trabajar con nosotros. —¿Qué sabe de él? —No mucho. Es del interior, pero no tiene familia, se vino para Buenos Aires cuando quedó huérfano. Pibe extraño, callado, trabajador, hincha de Racing, pero casi no h...
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Penal

  “¡Penal! ¡Penal para Argentina! A un minuto del final. Es la oportunidad de Argentina de consagrarse campeón del mundo. Fue penal sin duda. López está siendo atendido dentro del área. Él árbitro le saca tarjeta roja a Harris. No cabe otra. Vemos al director técnico hablar con Benítez, sin duda dándole instrucciones para patear el penal. Parece que hay algún problema. El delantero está discutiendo con el entrenador y no se dirige al punto del penal. Se acercan varios jugadores para hablar con él. Parecen estar tratando de convencerlo. Benítez se aleja y varios lo toman de la camiseta. Ahí vuelve. Si señores, Benítez camina hacia el punto del penal. Enfrenta al arquero Stone. ¡Penal para Argentina!”   ———————————————————   —Dásela para que lo pateé otro. Yo no puedo. —Cómo que no podés? —le preguntó el entrenador—. No digas boludeces. Sos el mejor pateador de penales del mundo. ¿De qué tenés miedo? —No me preguntes. Por favor hacé que otro pateé. Yo no lo vo...
  En 1991 trabajaba en el barrio de Núñez en Buenos Aires. Salvo que lloviera, todos los días caminaba desde la calle Cabildo hasta Avenida del Libertador, ocho cuadras de ida y otro tanto de regreso, Para que la caminata no fuera aburrida, miraba las casas por las que pasaba. Me llamaba la atención sobre todo una casa muy vieja, rodeada de un jardín muy grande y arbolado. Nunca veía a nadie y parecía estar abandonada. Como lector ávido, desde hacía tiempo tenía ganas de probar la creación de mis propias historias. Esa casa me inspiró a escribir mi primer cuento que se llama, precisamente, La Casa. Lo escribí sin tener mucha idea de hacia dónde iba y terminó siendo una historia de fantasmas, esa casa sin duda los inspiraba.  Escribí una primera historia y se la di a leer a un conocido. Me dijo que estaba muy bien, pero que eso era solo el principio de la historia. Que había mucho más que contar. Así fue que retrabajé la historia que terminó siendo el doble de larga.  ...